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martes, 6 de mayo de 2008

...algunos años después...



...y bueno... casi 19 años después pasan volando.
Dicen que para realizarse en la vida se debe plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. No sé exactamente el orden que debe hacerse, pero creo que al igual que en matemáticas... el orden de los factores no altera el producto.
Bueno, planté un árbol cuando estaba en el colegio, en primero medio en una actividad de principio netamente ecológico para aquellos días, llamada Día del Árbol en plena época de crisis mundial del petróleo.
Lo de los hijos es un poco más complejo de contar, al menos en este blog, pero como resumen. Como ven, creo que ya nos quedamos con tres, pues resulta difícil mantener un ritmo de vida que, ya que a estas alturas los años empiezan a pasar la cuenta.
Aun nos queda mucho por delante. El desarrollo de cada uno de ellos es, ha sido y será diferente, y las sorpresas que nos depara el futuro están a la vuelta de la esquina, como lo fue la llegada de la Maca, la del Ferna o la del Pipe.
En realidad, cada uno de ellos ha sido una novedad, una sorpresa de vida y presencia que nos ha dado Dios con su gran amor y, en la medida que vayan avanzando en este camino, en esta su existencia, descubrirán muchas más cosas que nos harán sentirnos más vivos a todos.
Y lo del libro... bueno también lo hice, con unas páginas que escribí acerca de mis memorias de la enseñanza media. Tal vez no sea una novela, o un libro como tal, insisto que llamarle así es muy pretencioso, pues quizás nunca sea publicado y vendido.
Tal vez me basta con pensar que escribo para el mañana. Plasmo en palabras lo que siento para que mi familia y un pequeño círculo de mis amigos, o quienes creo que entenderán mi sentir, puedan leerlo y con ello disfrutar de aspectos de mi vida como lo he hecho yo al recordarlos.
Abraham Lincoln dijo en una ocasión: Yo no sé quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber quien será su nieto.
Veamos que nos depara la vida más adelante.

lunes, 28 de abril de 2008

gracias otra vez...

Estas líneas son para la Andrea, la Emi y la Pily, las únicas -por ahora- que están en todos los comentarios. Quizás porque el resto no se atreve o simplemente no puede. Al menos yo me he reido muchísimo con los aportes de cada una, aunque no he hecho ningún comentario, pero me ha sido entretenido notar sus sorpresas con cada publicación.
Como sabrán, no es fácil llevar un registro de lo que pasó hace más de treinta o cuarenta años atrás, sin embargo a través de los pocos archivos fotográficos que se mantienen, y que nos muestran pequeños hitos de aquellos años, podemos hacer funcionar nuestras neuronas e ir sacando de cada una de las fotos, todo lo que ellas nos entregan. El resto de lo que ha pasado en nuestras vidas, es decir todos los demás eventos se han transmitido de manera oral, dando como resultado variados mitos y tradiciones que hay que verificar y rectificar para plasmar lo que en realidad sucedió.
Y hago una salvedad, pues, espero que el paciente lector de este blog, sepa comprender y disculpar si existen errores ya que aún cuando escribo con hartas ganas, las vivencias muchas veces se me escapan. Son tantas las cosas que deseamos contar que puede que se olviden detalles e impresiones, aun cuando trate de ser lo más fiel posible en los hechos. También es probable que lo que aquí reza, no haya ocurrido de manera muy aproximada al que alguno de nuestro clan lo recuerde, pero como autor y responsable de este sitio, me he tomado algunas libertades, sobre todo con la cronología de los eventos, pues los recuerdos me surgían en la medida que repasaba cada acontecimiento. Mi idea era ir siguiendo una historia correlativa -entre las fotos y los hechos, pero los recuerdos traen más recuerdos y por ello decidí presentarlos libremente, casi como temas independientes, pero unidos a la vez. Después de todo, una idea acarreaba a la otra.
Mi contribución es ser un cronista y recopilador de la historia de nuestra familia, pues muchos relatos no se hubieran podido desenterrar, de no haber sido por la creación de este Blog. A todos ustedes mi enorme reconocimiento por mantener -a veces- una memoria mejor que la mía, aportando y contribuyendo con varios correos, comentarios y confirmaciones verbales en las variadas velada, reuniones y tertulias que hemos mantenido.
Tengo pendiente otro proyecto para la otra familia, los Matamala, el cual no he podido desarrollar, porque éste me toma el tiempo, así como dos blogs más que los tengo casi botados... bueno, a cada uno su tiempo...
Gracias por sus aportes, creo que para todos ha sido una experiencia muy gratificante haber vuelto a recordar esos alegres y amenos momentos de nuestro pasado y de nuestra vida.
un beso para cada una

viernes, 25 de abril de 2008

...la casa de Byers


Comida después de la Bendición de Byers 621, año 1977
Mi papá, la Pily, Juan Andrés, Lucho, Tía Ita, Maria Elena, Jorge Arturo, Tía Sonia, Ricardo(?)

..y para complementar el comentario de la Pily, y enchufar un poco a la Andrea, mi aporte en lo que fue la casa de Byers. (Tomado de mis memorias Hitos, Ritos y Mitos)
Fue nuestro primer cambio de casa –no obligado–, y debo reconocer que en un principio no me gustaba, es más, fue a regañadientes.
Por un lado, en lo negativo, dejaba atrás a mi barrio de la infancia y nos íbamos a otro nuevo, desconocido. En lo positivo, mudarnos significaba una mayor independencia personal dentro de la casa, porque mi pieza estaba más lejos de la de mis papás y era más grande que la de Freire. La ubicación de la casa tampoco resultaba del todo mala. Quedaba a dos cuadras de la estación de trenes y también a dos de la parada de buses, también muy cerca del Cine Velarde, y lo mejor, a solo veinte metros de la Piscina Lutjens.
La nueva casa era de dos pisos. Enorme comparada con la anterior.
En el primer piso se encontraba el living y comedor separados, luego el escritorio, una pieza de servicio con baño, un sector para el comedor de diario y baño de visitas, más cocina y bodega; y en el segundo, había dos baños más, agregando cinco habitaciones. Al comienzo no me gustaba la casa, muy amplia, fría, alta y en la que los muebles prácticamente nadaban en la amplitud que nos ofrecía, pero al igual como lo menciona la Pily, llegué a quererla como la mejor etapa vivida ahí. Mi pieza -punto aparte- siempre fue mi pequeño reducto. M
uchos recuerdos quedaron en ella y es difícil no pensar en ellos.
Casi nueve años pasamos en aquel lugar, toda mi adolescencia y comienzos de la juventud. Una gran y bella época. Hubo fiestas de Año nuevo y Navidades con toda la familia, además de grandes veranos con el Lucho, etc.
El terremoto del año 1985 truncó nuestra estadía allí ya que sufrió un gran deterioro. A la vista tenía grandes y profundas grietas que recorrían las paredes frontales y las que daban hacia el norte. Varias ventanas lucían sus vidrios quebrados y restos de escombros se esparcían por la terraza.
A pocos minutos del terremoto ingresé para ver los daños. La poca luz que llegaba desde afuera dejaba ver en el interior toda la magnitud de los estragos causados por el violento movimiento. Los cielos estaban agrietados y el enyesado se había desprendido, además por todo el living había agua. ¿...Agua...? Al subir, pude ver que el lavamanos del baño de los papás se había salido de su base, llevándose las cañerías consigo y dejando salir el agua que, libremente, entre las grietas llegaba hasta la planta baja. Libros y adornos se esparcían por el suelo, junto a trozos de escombros y polvo. Mi pieza era un desastre. Todas mis cosas estaban desperdigadas por el suelo.
Las posibilidades de seguir viviendo en la casa fueron nulas. Las grietas que dejó el violento seísmo permitían, en algunas murallas, poder pasar la mano a través de ellas y solo la buena construcción, con gruesas cadenas en sus uniones, evitó que esta se desplomara completamente
Ese fue el fin de la casa y de nuestra permanencia en Byers. Por casi dos años evité pasar caminando por aquel sector. El lugar me traía muchos recuerdos y me daba tristeza ver que se había levantado otra construcción, ya que el terreno fue vendido por mi papá. Algunos llegaron a pensar que esta nueva casa era nuestra. No. Jamás volveríamos a tener una casa así.

jueves, 10 de abril de 2008

Un poco de historia...

a propósito del comentario y recuerdo que hace la Pily...
Los caminos de Dios son particularmente extraños. Cuando mi papá decidió rehacer su vida, necesariamente debe haber pensado en establecer una nueva familia.
Tengo vagos recuerdos de algunas pololas con las que saliera, o llegara a la casa de mis abuelos, pero cuando apareció María Elena la cosa fue en serio. Uno de sus primeros encuentros, después de viudo, fue cuando aun estábamos viviendo en el departamento de Los Empart en la calle Los Carrera
Cierta tarde, después de almuerzo, tocaron a la puerta un par de alumnas de Servicio Social, por una encuesta. Mi abuela materna, Lucrecia, llamó a mi papá, al punto que una de ellas preguntaba por la señora María Adelina Ríos.
La pregunta tomó por sorpresa a mi abuela. Mi mamá había muerto hacía ya casi un par de años y la respuesta de su deceso desconcertó a la encuestadora, quien al ver aparecer a mi papá, se presentó y le hizo recordar su parentesco con los hermanos Etcheverry. Aun cuando ambos se habían visto en algunas fiestas o cumpleaños y mi papá ya conocía a los dos hermanos mayores -Sergio y Juan-, no existía mayores intereses en común, sobre todo por la diferencia de edad. Hay que agregar, además, que ya se encontraba con tres niños pequeños.
El tenor de la conversación al interior del departamento, derivó entonces a temas que no fueron determinantes para el cuestionario, pues en algo se conocían. La joven Asistente Social era María Elena, tenía 26 años y mi papá bordeaba los 35.
Más adelante, cuando construyeron la casa de Freire y nos cambiamos a fines del 68, María Elena vivía en la Avenida Retiro. En algunas mañanas lograban coincidir en los horarios en que cada uno esperaba movilización. ¿Casualidad o conveniencia? Ella trabajaba como Asistente Social en la Universidad de Chile, en Valparaíso y empezó una buena amistad, que al poco tiempo derivó en pololeo. Más adelante, a raíz de una nueva beca, María Elena viajaría a Estados Unidos.
Siempre tuve la oportunidad de presumir de que yo había asistido al casamiento de mis papás, aunque fuera el segundo. Así, luego de su regreso en el país del norte, el 21 de diciembre de 1969, en una ceremonia que se realizó en la antigua Capilla de Retiro de los Salesianos, cristalizaron su matrimonio. Tenía una nueva madre y formaba parte de una nueva familia.
La Pily acota pequeñas cosas que todavía las recuerdo también, como el regreso en taxi de la feliz pareja con tres niños, la cantidad de helados que comí ese día y, entre otras instancias, conocer a mi primo Luchito, el Lutlo, del que más adelante haríamos muy buena amistad... pero eso lo dejaré para otra historia.

miércoles, 9 de abril de 2008

gracias...

Como les escribí anteriormente, al ver estas imágenes nos damos cuenta que el tiempo de verdad pasa rápido. Eso es bastante emocionante, porque además permite algunas reflexiones más extensas.
En uno de mis escritos (tengo varios, pero decirle libros es un poco presuntuoso) analizo que, el pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o sencillamente lo que pretendes recordar, por ello, al ver estas fotos o en cada reencuentro, a pesar de insistir una y otra vez con aquellos repetidos chistes, o con esos episodios revividos nuevamente y algunos relatos reiterados, más apreciamos y valoramos a nuestra familia, pues con cada evocación parece que el tiempo retrocediera. Lo que me parece inquietante, sin embargo, es mirar como se nos escurrió la propia vida, como si lo vivido no fuese mas que una historia malamente aprendida.
Trataré de ir anotando las impresiones de cada uno de ustedes de acuerdo a las fotos que podamos encontrar y complementar este blog con sabrosas anécdotas y bellos recuerdos.
Les agradezco sus mensajes y sus palabras de cariño
un abrazo a todos

martes, 8 de abril de 2008

La familia

Paulo Coehlo, autor algo sobrevalorado, pero con algunas frases muy decidoras, expresa: siempre he creído que las transformaciones más profundas, tanto en el ser humano, como en la sociedad, tienen lugar en períodos de tiempo muy reducidos. Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio; en ese momento, no sirve de nada fingir que no pasa nada, ni disculparnos diciendo que aun no estamos preparados.
En muchas parte de mi vida he creido ciertamente en esto, sobretodo cuando analizo el cambio, la transformación, que me produjo -no solo a mi sino a mis hermanos en general- llegar a pertenecer a esta familia, de la cual comenzamos a escribir este blog: Los Etcheverry.
Un autor español, Francesc Puig i Busquet, amigo de uno de los miembros de esta familia escribió... Es algo que pasa: la familia no la eliges. Los padres, los hermanos mayores, como también parte de la parentela, incluso los vecinos te reciben y te acogen. Uno no los ha elegido. Es más, ellos con un poco de suerte te aceptan y quieren antes. Asimismo, el momento de la historia, el lugar, la cultura y el país que te rodean al nacer, tampoco los elige uno. Sin embargo esas cosas son a veces las huellas más profundas que quedan en la vida: lo que pongas en los primeros años de tu vida quedará en ella hasta más allá de la muerte.
El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar, vieja máxima que resume una de las características en la que me he propuesto transformarme: en un militante de la memoria. Porque a veces es necesario volver a recordar, sobretodo para rectificar y no olvidar parte de mi pasado -de nuestro pasado- o para materializar aquellos momentos vividos contemplados desde una perspectiva personal y acotados , muchas veces, por las contingencias de aquellos años que forman parte de nuestras vidas en desarrollo, de crecimiento y formación.
Yo no nací en esta familia, sino que crecí con ella, fui integrado y soy parte por osmosis, pero me siento tan parte de ella, quizás no tiene nada de especial, nada que pueda explicarme a mi mismo... solo es mi familia.
a todos les dedico esta página